Rigoletto de Verdi

La ópera empieza con el duque de Mantua flirteando y diciendo que esta o aquella mujer le son lo mismo (Questa o quella per me pari sono), mostrando su carácter libertino. Rigoletto, su bufón, se ríe con él de los esposos de las conquistadas. También se ríen del conde Monterone que se queja de que el duque ha seducido a su hija. Monterone les maldice, algo que asusta mucho a Rigoletto y le hace temer más por su hija, Gilda, a quien llevaba tiempo protegiendo y solo dejándole salir para ir a la iglesia. Va a casa con ella y le profesa su amor (Figlia/Mio padre!). No sabe que en la iglesia se ha mirado con un hombre. Los nobles burlados por Rigoletto se vengan raptando a su hija creyendo que es su amante. Para hacer más terrible la venganza, engañan con un antifaz a Rigoletto y le hacen partícipe del rapto. Ya raptada, llega a la casa el hombre que se miraba con ella en la iglesia, que no es otro que el duque y se lamenta del rapto (Ella mi fu rapita!). Al volver todos al palacio los cortesanos le informan del rapto (Duca, Duca!). El duque habla con ella y le hace ver que es una más de sus conquistas. Mientras Rigoletto ha llegado en su busca y desvela a los cortesanos que no es su amante sino su hija. Aunque Gilda sigue amando al duque, Rigoletto le pide a Gilda que huya vestida de hombre mientras él contrata al sicario Sparafucile para matar al duque y vengarse (Sì, vendetta, tremenda vendetta, [a partir del segundo 43]). Pero el duque también ha enamorado a la hermana del sicario, después de haber justificado sus infidelidades aduciendo que la mujer es voluble como pluma en el viento (La donna è mobile), y esta le pide a su hermano que mate a otro para meterlo en su lugar en el saco que debe entregar a Rigoletto. Deciden matar al primer hombre que entre en la hostería donde están. Gilda, que finalmente no ha huido y lo ha oído todo, decide entrar para salvar al duque, a quien aún persiste en amar. Rigoletto solo descubre que en el saco está su hija cuando oye la voz del duque por detrás. Unas últimas palabras entre Rigoletto y la moribunda Gilda cierran la ópera (V’ho ingannato).

El trovador (Il trovatore) de Verdi

La ópera empieza con un guardia alertando (All’erta All’erta) para que nadie interrumpa al Conde de Luna mientras ronda a su amada Leonora. El guardia cuenta que el padre del Conde quemó a una gitana, que supuestamente había embrujado a su otro hijo. Antes de morir, la gitana le dice a su hija Azucena que la vengue. Para ello, Azucena decide matar al hermano del Conde, pero se equivoca y mata a su propio hijo, quedándose con el hermano del Conde, el trovador Manrico, a su cargo. Manrico también ama a Leonora y es amado por ella. El Conde y Manrico luchan por ella sin saber que son hermanos. Luego en el campamento gitano, los gitanos cantan a coro (Vedi le fosche notturne ‘Ved los restos de las sombras nocturnas’) y Azucena le confiesa a Manrico que tiró a su hijo en la hoguera (Stride la vampa ‘Crepita la llama’), por lo que él no es su hijo, aunque luego se desdice. Pasado el tiempo corre la noticia de que Manrico ha muerto y Leonora decide meterse a monja. El Conde le canta desesperado Il balen de suo sonriso (‘El brillo de su sonrisa’). Pero justo llega Manrico y huye con Leonora mientras sueñan con casarse (Ah si, ben mio, coll’esere io tuo, tu mia consorte). Entretando, Azucena es apresada y va a ser quemada en la hoguera. Manrico sale en su busca y canta Di quella pira l’orrendo foco (‘Las horribles llamas de aquella pira’), antes de ser también apresado. En la prisión le visita Leonora y canta hundida el Miserere. Se ofrece al Conde a cambio de la libertad de Manrico, pero, cuando el Conde acepta, se toma un veneno porque prefiere estar muerta que en brazos de otro (Prima que d’altri vivere io volli tua morir) y muere. Ante esto, el Conde mata a Manrico, con lo que Azucena, antes de morir también, ha vengado a su madre (Sei vendicata o madre!), haciendo que el propio Conde mate a su hermano.