es cuando

Gramática para Carmencita

Me decía Jaime de L. el otro día que «para cuándo una aclaración sobre el anacoluto “es cuando”». Le prometí que la haría pronto y aquí está.

Para empezar, es importante saber qué es un anacoluto. Un anacoluto es cuando… —¡es broma!—, un anacoluto es, según la RAE, una  inconsecuencia en la sintaxis, es decir, una desviación en la sintaxis que se produce cuando el pensamiento nos lleva por un camino alejado de ella. Así, por ejemplo, en Yo me gustaría ir al cine, el que habla empieza refiriéndose a sí mismo como yo porque va a hablar de algo suyo y luego piensa que lo que quiere decir es que le gustaría ir al cine y no tiene problemas en continuar de esa manera, apartándose de la sintaxis recta. Si hubiera planificado la construcción entera antes de aventurarse a hablar de sí mismo, habría dicho correctamente A mí me

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Rigoletto de Verdi

La ópera empieza con el duque de Mantua flirteando y diciendo que esta o aquella mujer le son lo mismo (Questa o quella per me pari sono), mostrando su carácter libertino. Rigoletto, su bufón, se ríe con él de los esposos de las conquistadas. También se ríen del conde Monterone que se queja de que el duque ha seducido a su hija. Monterone les maldice, algo que asusta mucho a Rigoletto y le hace temer más por su hija, Gilda, a quien llevaba tiempo protegiendo y solo dejándole salir para ir a la iglesia. Va a casa con ella y le profesa su amor (Figlia/Mio padre!). No sabe que en la iglesia se ha mirado con un hombre. Los nobles burlados por Rigoletto se vengan raptando a su hija creyendo que es su amante. Para hacer más terrible la venganza, engañan con un antifaz a Rigoletto y le hacen partícipe del rapto. Ya raptada, llega a la casa el hombre que se miraba con ella en la iglesia, que no es otro que el duque y se lamenta del rapto (Ella mi fu rapita!). Al volver todos al palacio los cortesanos le informan del rapto (Duca, Duca!). El duque habla con ella y le hace ver que es una más de sus conquistas. Mientras Rigoletto ha llegado en su busca y desvela a los cortesanos que no es su amante sino su hija. Aunque Gilda sigue amando al duque, Rigoletto le pide a Gilda que huya vestida de hombre mientras él contrata al sicario Sparafucile para matar al duque y vengarse (Sì, vendetta, tremenda vendetta, [a partir del segundo 43]). Pero el duque también ha enamorado a la hermana del sicario, después de haber justificado sus infidelidades aduciendo que la mujer es voluble como pluma en el viento (La donna è mobile), y esta le pide a su hermano que mate a otro para meterlo en su lugar en el saco que debe entregar a Rigoletto. Deciden matar al primer hombre que entre en la hostería donde están. Gilda, que finalmente no ha huido y lo ha oído todo, decide entrar para salvar al duque, a quien aún persiste en amar. Rigoletto solo descubre que en el saco está su hija cuando oye la voz del duque por detrás. Unas últimas palabras entre Rigoletto y la moribunda Gilda cierran la ópera (V’ho ingannato).

El trovador (Il trovatore) de Verdi

La ópera empieza con un guardia alertando (All’erta All’erta) para que nadie interrumpa al Conde de Luna mientras ronda a su amada Leonora. El guardia cuenta que el padre del Conde quemó a una gitana, que supuestamente había embrujado a su otro hijo. Antes de morir, la gitana le dice a su hija Azucena que la vengue. Para ello, Azucena decide matar al hermano del Conde, pero se equivoca y mata a su propio hijo, quedándose con el hermano del Conde, el trovador Manrico, a su cargo. Manrico también ama a Leonora y es amado por ella. El Conde y Manrico luchan por ella sin saber que son hermanos. Luego en el campamento gitano, los gitanos cantan a coro (Vedi le fosche notturne ‘Ved los restos de las sombras nocturnas’) y Azucena le confiesa a Manrico que tiró a su hijo en la hoguera (Stride la vampa ‘Crepita la llama’), por lo que él no es su hijo, aunque luego se desdice. Pasado el tiempo corre la noticia de que Manrico ha muerto y Leonora decide meterse a monja. El Conde le canta desesperado Il balen de suo sonriso (‘El brillo de su sonrisa’). Pero justo llega Manrico y huye con Leonora mientras sueñan con casarse (Ah si, ben mio, coll’esere io tuo, tu mia consorte). Entretando, Azucena es apresada y va a ser quemada en la hoguera. Manrico sale en su busca y canta Di quella pira l’orrendo foco (‘Las horribles llamas de aquella pira’), antes de ser también apresado. En la prisión le visita Leonora y canta hundida el Miserere. Se ofrece al Conde a cambio de la libertad de Manrico, pero, cuando el Conde acepta, se toma un veneno porque prefiere estar muerta que en brazos de otro (Prima que d’altri vivere io volli tua morir) y muere. Ante esto, el Conde mata a Manrico, con lo que Azucena, antes de morir también, ha vengado a su madre (Sei vendicata o madre!), haciendo que el propio Conde mate a su hermano.

Susana Díaz, Hooke y el trampolín

Se puede leer hoy en el periódico que Rajoy ha acusado a Susana Díaz de usar Andalucía «como trampolín para otros fines». Esos fines seguramente sean conseguir una victoria que la catapulte a la secretaría general del PSOE. También son ganas. Pero no es de Susana Díaz (que no Díez, como se empeñan en decir muchos, quizás para evitar emparentarla con el Cid) de quien quiero hablar. No. Quiero hablar de la palabra trampolín, con evidente parecido a trampa (quizás por eso el taimado Rajoy la ha usado), y de la información a la que he llegado impulsado, y nunca mejor dicho, por esta palabra.

En primer lugar, trampolín y trampa no tienen el mismo origen. Según el DRAE trampa viene de la onomopatopeya tramp o trap. Por su parte, trampolín viene del germánico trampeln ‘patalear’ a través del italiano trampolino. He contrastado lo de tramp, porque sonaba raro, en el Diccionario etimológico de Corominas y Pascual,  y, aunque valoran la posibilidad de que trampa venga del germánico también, consideran que el verdadero origen es la susomentada (gracias, Unamuno, por esta palabra) onomatopeya.

Si uno busca trampolín en la Wikipedia, se topará con que los trampolines respetan la ley de elasticidad de Hooke. Lo mejor de no saber cosas es que uno disfruta con las sorpresas. Ocurre cuando no sabemos el final de una película o cuando no tenemos localizado en las mientes a alguien y luego resulta que simplemente es que no lo estábamos relacionando con otro personaje que sí conocíamos, pero cuyo nombre no recordábamos. Esto es lo que me ha pasado con Hooke.

¿Es que acaso el tal Hooke es conocido? Pues sí, y no solo por la ley de elasticidad (que afirma que la fuerza ejercida sobre un cuerpo elástico es proporcional al estiramiento). Basta con acudir a la indispensable Breve hi1422454407706storia de casi todo de Bill Bryson, para saber que el inglés Robert Hooke (1635-1703) fue el primero en describir la célula. Y sí, fue el primero que empleó el término célula (diminutivo del latín cella ‘celda’ o ‘hueco’ y, por tanto, ‘celdilla o huequecillo’), en su libro Micrographia (uno de los primeros best-sellers científicos, según leo) para referirse a esas diminutas celdas microscópicas que parecían los cuartitos de los monjes en los monasterios. En esa obra además usó posiblemente la cifra más grande en la ciencia hasta el momento, al calcular que en un pequeño trozo de corcho había más de un millón de celditas de esas. A saber cómo las contó. Tuvo este científico algunos otros logros, como ayudar a Boyle en la bomba de aire, que luego permitiría formular la conocida como ley de Boyle-Mariotte o contribuir en el avance de los microscopios, superado, no obstante, en solo diez años por el autodidacto van Leeuwenhoek (con microscopios de hasta 275 veces de aumento, frente a las 30 de Hooke).

Pero, sin duda, por lo que actualmente tiene repercusión Hooke, es por sus fanfarronadas y, sobre todo, por sus disputas con Newton. Entre otras cosas Hooke aseguró a Halley (el del cometa) y a Wren (el que diseñó la catedral de san Pablo de Londres), cuando este último ofreció 40 chelines por la respuesta, que él ya sabía por qué las órbitas de los planetas eran elípticas, pero que no quería privarles del placer de descubrirlo por ellos mismos.

En cuanto a sus disputas con Newton, mucha gente trata hoy en día de resaltar la figura de Hooke por encima de la de Newton, quizás con razón o quizás movidos por esa tendencia a reescribir la historia y a ensalzar personajes menos conocidos, cuando los conocidos ya no venden o no molan tanto. Se discute la paternidad de diversas leyes que actualmente magnifican la imagen de sir Isaac. Algunos atribuyen a Hooke, por ejemplo, la idea de la atracción de cuerpos distancia, como precursora de la ley de gravitación de Newton, a quien según parece se le olvidaba citar a Hooke en muchos trabajos. También es motivo de queja la altanería de Newton, cuando, por ejemplo, afirmaba estar a hombros de gigantes en una carta a… sí, a Hooke, para reírse de que tenía más altura que él en todos los sentidos (científico y físico). Ni aquí innovó Newton, pues esta expresión ya había sido utilizada por el filósofo Bernardo de Chartres (nos esse quasi nanos, gigantium humeris incidentes, en el latín de su discípulo Juan de Salisbury, quien le atribuyó la cita) allá en el siglo XII, antes incluso que en la época en la que se ambienta El nombre de la rosa (obra en la que por primera vez escuché esta expresión). Se lamentan también los detractores de Newton de que este quemara el retrato de hooke2Hooke de la Royal Society, de la que Hooke fue impulsor. También se quejan de que estas injusticias se sigan manteniendo en programas como Cosmos (el nuevo de deGrasse Tyson), donde se le representa como a un malo de Disney (como se ve en la imagen del minuto 26 y pico del vídeo) y de quien obviamente hay que quemar el retrato (como se ve al final del capítulo). Precisamente en Cosmos, se cuenta además que Hooke experimentaba con cannabis.

En fin, todo un jaleo al que nos ha impulsado, haciendo honor a su significado, la palabra trampolín.

La conclusión es que, si es verdad lo que Rajoy afirma de Susana Díaz y esta es hábil en la aplicación de la ley de Hooke, podrá conseguir una cifra tan elevada de votantes como las células de un pequeño trozo de corcho en estas trampolínicas elecciones de Andalucía y así asaltar la presidencia de su decadente partido, que está al borde de correr la suerte del PASOK griego.

Queda advertir, por último, que en inglés, trampolín es springboard y no el falso amigo trampoline, que en verdad significa ‘cama elástica’. Esta equivocación se puede ver en este artículo sobre la historia precisamente de la cama elástica, que es interesante a pesar de que se use la palabra trampolín sin tino. Curiosamente, si uno pone trampolín en Google imágenes, lo primero que salen son camas elásticas.